Demasiado Tarde


Ouch! que cansada estoy, me quito los zapatos de alto tacón y arrojo el bolso sobre la mesa, dejándome caer inmediatamente sobre el sofá. No imaginé que fuese a caminar demasiado. En verdad, ya había olvidado lo que es andar en la búsqueda de un trabajo. Llenar solicitudes, esperar a que me llamen para otorgarme alguna entrevista, cosa que a mi parecer, y a mi edad, ya es perder el tiempo. No hay más que dos caminos: o te sirve mi experiencia o no te sirve. Pero en un empleo decente así se acostumbra. Y digo decente porque en el mundo de las bailarinas exóticas todo es más fácil. O al menos así lo consideré mucho tiempo. Todo era cuestión de llegar al bar y preguntar si no había vacantes para entretener a los clientes. Nada de solicitudes, ni entrevistas. Aunque tampoco un sueldo base, no prestaciones de seguridad social, ni siquiera una estabilidad laboral, podrían despedirme cuando a ellos les viniese en gana. Una injusticia, como en todas partes, si tenemos en cuenta que ya bastante suplicio era aguantar a los tipos borrachos, sucios, además de estar toda la noche respirando el humo del cigarro y bebiendo casi a fuerza con tal de obtener un poco más de sueldo. Y que decir de los días de invierno donde el frío se cuela por la puerta, las ventanas, por los agujeros del techo; de los camerinos emana una mezcla a perfume barato y sudor. En serio que a veces me doy asco yo misma por haber entrado a esa oscura cueva de la que ya no quiero salir. Y todo por comodidad. Comodidad de no levantarme temprano, comodidad de trabajar 3 días y ganar lo que en otro empleo tendría que laborar una quincena.

Pero aún así creo que no supe aprovechar el vender mi cuerpo. Me vendía por tan poco en cabaretuchos de mala muerte. Si algún cliente deseaba salir conmigo nos limitábamos solo a salir a comer y conocernos para ver si podíamos llegar a una relación sentimental, si teníamos relaciones carnales yo no cobraba por ello, y después de conseguir tenerme en su cama gratis desaparecían de mi vida. Y así el negocio no funcionó. No me hice de un techo ni siquiera de un negocio para que el día que la edad me alcanzara poder vivir sin preocupaciones, no dispongo de un automóvil para ir a realizar mis compras y mis vueltas. A mis 39 años considero que es muy tarde para comenzar de nuevo, mi hermano me aconseja que inicie la universidad, pero no me visualizo en medio de chiquillos que apenas comienzan a vivir cuando yo ya estoy de regreso. Y a pesar de que el es titular de una secretaría de estado, no puedo pedirle que me otorgue una plaza dentro del servicio público, sería como venderlo a los opositores del partido.

No tengo otra opción que continuar por esta calle que yo misma tracé. Y todo por no querer esforzarme para tener los mismos logros que mis compañeras de escuela gozan ahora: un buen trabajo, una familia respetable, pero sobre todo, el poder andar por la calle y mirar de frente a los demás sin ser señalada y juzgada, lo que no pasa conmigo, pues a donde voy y cuando menos lo espero, no falta que un cliente conocido me salga al paso, dejando mi profesión en evidencia.
-Ay!, se me olvida que dejé el cel en vibrador. Si. Ella habla. ¿Quién? Ah, sí, claro que me acuerdo de ti, nos conocimos anoche en el Cándida. ¿A comer ahora? Perfecto. Te espero. Pero que torpe! Dije que me quedaría en casa para esperar la respuesta sobre la vacante en la florería. De todas maneras, no creo que vayan a darme la oportunidad.......... al demonio....... aprovecho la invitación a comer, después de todo no creo que me llamen para decirme que el puesto es mío...... y además me ahorro la fatiga de cocinar. Y el dinero que gastaría en los comestibles, claro, ja, ja......

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