Voz Interior


Frente al espejo, planchándose el cabello.

-Sé que no es correcto lo que hago, y aunque ni yo misma lo crea siento algo de remordimiento. Omar me atrae demasiado, aunque sé que no debo coquetearle, que es un señor casado que tiene una familia. Relax, mujer, que eso hoy en día ya no es motivo de escándalo, la gente lo ve como algo muy normal; incluso, las mismas madres incitan a las hijas a que se busquen novios que les resuelvan sus problemas económicos, sin importarles destruir una familia. Yo no pienso destruirla, no, solo quiero pasar un buen rato en compañía del hombre que me gusta. Eso es todo. Ya que si se da algo mas, pues....

-Pero tu no eres igual a ellas. Tus padres te inculcaron valores, te enseñaron a temer a Dios, ¿no es cierto? Entonces tatúate en el cerebro el noveno mandamiento para que no se te olvide. Eres una gran mujer, de nobles sentimientos, encontrarás a alguien que te quiera por lo que eres, no solo porque le das buenos ratos de placer. Alguien con quien puedas salir a plena luz, no a escondidas.

Se aplica delicadamente el maquillaje.

-No, no, no. Quien juega limpio, limpio se queda. Y la verdad, ya estoy hasta la coronilla de comportarme como una dama, de hacer las cosas dentro de lo permitido ¿y que he conseguido? Nada. Escojo mis relaciones sentimentales meticulosamente, aunque digan que soy elitista, pero solo procuro lo mejor para mí, porque tampoco voy a regalarle a cualquiera lo que tanto trabajo y esfuerzo me ha costado. Y de pronto, sin decir “agua va” aparece cualquier mujercita hija de vecino con su carita de “soy la inocencia viva” y saben como metérseles por los ojos. Y los hombres que son como niños, caen en sus garras y de allí ya no se les puede rescatar. ¿Y quien perdió más? Lamentablemente la ilusa (en este caso yo, obviamente) que todavía cree en formar la familia perfecta con el hombre indicado. No es más que un espejismo.

La voz tomó la palabra.

-No me gustan tus pensamientos, se nota que no tienes fe.

Se miró en el espejo de cuerpo entero. Alisó el vestido y acomodó algunos mechones de cabello.

-En fin, hay que cambiar. Sé que estoy comportándome como esas zorras mañosas que detesto, pero me siento halagada al saber que alguien me desea, y que se preocupa por mi......aunque solo sea por un rato, aunque nunca pueda tenerlo a mi lado, ni me lleve a celebrar mi cumpleaños.......

Se escucha el claxon de un vehículo. Toma su bolso y sale de la habitación.

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