Vino Tinto


HAGO ENTREGA DEL SEGUNDO CAPITULO DE MI RELATO.
K LO DISFRUTEN.
SALU2.


CAPITULO II

Luis creía a veces que el comportamiento de Irma lo asfixiaría de un momento a otro. La chica se empeñó en acompañarlo durante los fines de semana, y al salir de la oficina ya lo estaba esperando, le llamaba para comentarle cualquier tontería. Estaba invadiendo su privacidad y poniendo en peligro su relación con Deyla, ya que disponían cada vez de menos tiempo para su convivencia como pareja.
-Se nota por lo que dices que tus invitados no tienen intenciones de marcharse pronto. Al menos Irma. Creo que esa muchacha se está convirtiendo en un problema para nosotros, Luis. Haz algo, por favor.
Luis la abrazó.
-Irma sabe de tu existencia, le he dicho que vamos a casarnos pronto, no tienes por qué sentir miedo. Ella no significa nada para mí.
-Pero tu para ella sí. –Luis no pudo evitar sonreír- No te rías. Estoy hablando en serio. Te llevo siete años Luis, y como los perros puedo olfatear cuando se avecina la lluvia. Y lo que huelo no es una simple lluvia, sino una tormenta.
-Ya. Dejemos el asunto a un lado y concentrémonos en nosotros. Vamos a pasar este fin de semana dedicados por completo el uno al otro, en un lugar privado, alejado de la ciudad.
La sorpresa se dibujó en el rostro de la muchacha.
-No te sorprendas, Dey, hoy es viernes, ¿o no? –Deyla hizo un ademán afirmativo con la cabeza- entonces ocupamos la cabaña lo que resta de hoy, mañana y estaremos de vuelta el domingo por la tarde. ¿Te gusta la idea?
La cabaña estaba a tan solo treinta minutos del centro de la ciudad. Contaba con todas las comodidades de un hotel de lujo, amplia, acogedoramente decorada. Fue idea de Deyla apagar sus localizadores. No deseaba que nada ni nadie rompiera el encanto de aquellos días. Su anticipada luna de miel. “Tengo miedo que esto sea el final de algo que no ha comenzado aún”.

Irma estaba furiosa. Fue por Luis a su trabajo con la intención de llevarlo a cenar y luego al teatro, pero se encontró con la sorpresa de que éste se hubo marchado temprano, en vano lo llamó una vez tras otra sin obtener respuesta. El buzón estaba activado al primer timbre.
-Se me escapó. Ahorita debe estar con esa señora. Y yo aquí, sola. Con ganas de divertirme, necesitando de su compañía.
Entró furtivamente a la habitación de Luis, buscó entre sus cosas esperando encontrar alguna foto de Deyla, algún dato sobre su vida. Necesitaba conocerla, saber contra quien estaba enfrentándose. De pronto su atención se centró en un sobre; la curiosidad fue más fuerte que ella.
-Requisitos para matrimonio civil….. actas de nacimiento….. examenes prenupciales….. –sintió una sensación de fuego envolver su estómago- Son los preparativos para su enlace. Pero Luis no va a casarse. Al menos no con ella.

La oportunidad para poner en claro las cosas con Irma tardó solo unos cuantos días en llegar. Aprovechando que los padres de ambos se ausentaron de la ciudad, Luis le pidió a Irma lo acompañase a cenar en casa, así podrían hablar a solas sin interrupciones. El muchacho fue lo bastante prudente como para no tocar el tema durante la cena, al terminar ésta pasaron a la sala, pensó que quizá mientras escuchaban música y bebían una copa, Irma comprendería por qué la distancia entre ellos ya era una inminente necesidad.
-Pero estas seguro de lo que vas a hacer Luis? No me gustaría verte después en líos de divorcio y esas cosas.
-No te preocupes. Tu me conoces como pienso, sabes que para mi el matrimonio será para toda la vida, es el ejemplo que nos han dado mis padres.
Irma tuvo una sensación de impotencia, claro que sabía como pensaba Luis respecto de muchas cosas, era el tipo de hombre que ella necesitaba consigo, un hombre trabajador, garantía de que nada material iba a faltarle, con valores morales, sabía que nunca le seria infiel.
“No permitiré que otra se lleve lo que yo quiero. De ninguna manera”.
La plática continuó un buen rato hasta quedar la botella de vino vacía. Luis comenzó a sentirse mareado, con sueño. Decidió acabar la fiesta. Acompañó a Irma hasta su recámara y después él se fue a la suya. Se dejó caer en la cama a medio vestir, el sueño era demasiado fuerte. Irma entró sigilosamente, la alfombra ahogaba sus pasos. Se tendió al lado de Luis y comenzó a acariciarle el pecho, el joven se movió inquieto pero sin despertar, le desabotonó completamente la camisa e hizo lo mismo con el cierre del pantalón. Lo montó al tiempo que se quitaba el mini camisón de encaje blanco que cubría su cuerpo, quedando totalmente desnuda. Se inclinó para besarlo y restregó sus tetas sobre la mata de vello del masculino pecho, dejando escapar leves suspiros. Luis comenzó a despertar al sentir la presión sobre su cuerpo.
-Irma, ¿Qué….. que haces? –apenas si podía hablar.
La joven no contestó. Continuaba absorta en sus labores de seducción.
-Por favor, mujer. No lo hagas. Por favor, por favor……
Le susurró al oído -Ya sé que vas a casarte, me lo has dicho muchas veces, pero quiero regalarte por anticipado tu despedida de soltero. La mejor que hayas tenido. –se apoderó de sus labios, dándoles suaves mordiscos.
Las caricias de Irma comenzaron a excitarlo, sintió de pronto los femeninos pezones en su boca, los lamió, los mordió, escuchaba a Irma lanzar gemidos de placer. Cambió su posición, el cansancio y el sueño se disiparon como por arte de magia, ahora él acariciaba el cuerpo de ella, sus manos encontraron las tetas, las acarició suave al principio, apretando con fuerza, zarandeándolas violentamente, para después volver a morder los erguidos y duros pezones. La penetración fue una embestida brutal que Irma disfrutó, su cuerpo se retorcía de sensual bienestar.

Dos semanas después de aquella candente “despedida de soltero”, Irma se dio cuenta que estaba embarazada. Ella estaba feliz, sabía perfectamente que Luis Gerardo era un hombre con valores morales muy arraigados. No la abandonaría en esa situación. Quien no la estaba pasando nada bien era Luis.
Cumpliría su responsabilidad para con Irma, contra su voluntad. Su amor era Deyla. Y ahora renunciaba a ella para siempre, sin posibilidad de una segunda oportunidad. Eso lo destrozaba; desde niño imaginó que su matrimonio sería para toda la vida; y lo será, pero no al lado de la mujer amada.

-Lo intuía, sabía que esto podría ocurrir de un momento a otro. –la voz de Deyla destilaba una furia apenas contenida, no hubo gritos ni sollozos- Desde que ella llegó nuestro tiempo ya no fue el mismo. Tenías que escaparte para vernos, como si ella fuera tu prometida y yo la otra.
-Deyla escucha, sé que cometí un error, no me justifico pero andaba ebrio, Irma se aprovechó de eso para meterse a mi cama y …… las consecuencias ya las conoces.
-Es el arma más usada por las mujeres “inteligentes”, y pensar que yo tuve la oportunidad y no la aproveché. Supongo que eso me hace más tonta a los ojos de los demás.
Tomó la mano de la joven con fuerza.- No vuelvas a decir eso nunca, ¿entiendes? Ni de broma. Tu no eres como ella, y nunca lo serás.
Con un movimiento brusco, Deyla apartó su mano.
-Pero a pesar de todo, la que se casa contigo es ella, no yo. ¿Acaso vale de algo mi decencia, mi honestidad, frente a esa muchachita imbécil que de manera muy sutil jugó sus cartas y consiguió quedarse con el hombre que amo yo, a sabiendas de mi existencia? Imagino que tus padres estarán contentos de la boda con Irma. No tengo nada que decir contra ellos, siempre me trataron bien, pero en el fondo no les convencía lo suficiente que su hijo tuviera por novia a una mujer que le lleva siete años.
-Deyla, no …….
-Realmente espero que seas feliz, yo haré todo lo que esté en mi mano para borrar este capítulo de mi vida, nunca imaginé siquiera que se escribiría de esta manera. –Se levantó y tomó su bolso. –Hasta nunca Luis Gerardo.
Continuará.....

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