La ganadora


Hay quienes se empeñan en guardar las apariencias con tal de conservar algo que no existe....
Salu2.

No sé en que momento acepté ser parte de esta situación, si lo único que necesito es entregarle a alguien todo el amor que hay dentro de mí.
Yo, siempre tan selectiva en mis amistades, nunca permití que chico alguno que no estuviese a mi altura intelectual se acercase a mí con intenciones distintas de la amistad.
Esta hambre de amor me ha llevado a engrosar las estadísticas de las personas depresivas. Yo que siempre construí el presente y futuro de mi vida, no sé en que momento me perdí del camino que tracé. Yo que siempre me consideré una triunfadora en todo lo que hacía: en el equipo escolar de tenis, en el nivel académico, en el estudio del idioma inglés en el que por cierto sentí un gran orgullo cuando me entregaron un reconocimiento especial por quedar dentro de los tres promedios más altos de la generación. ¿Recuerdas que te platiqué que eran tantos mis nervios que dejé con la mano tendida al Rector del instituto? Que tontería más grande. Aún provoca mi risa cuando me acuerdo.
Cuando ingresé a la Facultad de Leyes me convertí en ejemplo a imitar por mis primos, vecinos, conocidos y demás. Ah! Y aparte fui la envidia de mis amigas. Sí. Ellas se quedaron a mitad del camino por casarse y tener hijos. “Que desperdicio de inteligencia, tiempo y dinero” pensé en esos momentos; sin embargo me llevó años comprender que a pesar de todos mis logros materiales, en el rompecabezas de mi vida faltaba la pieza más importante: el amor.
Fui una buena estudiante, una buena deportista, ahora soy una excelente abogada que trata de ayudar a los demás y que intenta conseguir un cargo político dentro del partido que gobierna la nación.
Así fui postergando mi realización personal, sin embargo llegó un instante en que me sentí completamente sola. Reconocimientos profesionales se sucedieron uno tras otro, pero yo no tenía a quien ofrecerle la victoria.
Necesitaba mi complemento, el compañero para crecer juntos, compartir nuestro tiempo y espacio. Dicen que al lado de todo gran hombre está una gran mujer, y yo deseaba desesperadamente ocupar ese lugar.
Pero nada ha sido como yo lo planeé. Nuestra relación, querido esposo, la empezaste mal desde el principio, y a pesar de eso no quise perderte, cubrías todas la expectativas que yo esperé encontrar en mi compañero ideal, quise estar a tu lado para que fueras mejor de lo que eres, o al menos de lo que yo creí que eras. Pero veo con decepción que te gusta la basura. Proyectaste una imagen de hombre íntegro, apegado a la familia y con altos valores morales. No me di cuenta en ese momento que eras la puerta de entrada al infierno que estoy viviendo ahora, ya no hay marcha atrás, soy acérrima enemiga del divorcio, ¿cuánto tiempo más podré sostener esta farsa? ¿Acaso no vale más mi felicidad y mi salud mental que la opinión del mundo entero?
Estoy consiente que debo tomar una decisión rápido, pero soy cobarde. No quiero romper lo que tanto trabajo me costó construir: mi hogar. Ja, ja, ja!!! Esto no es un hogar. No puede serlo desde el momento que existen terceras personas entre tu y yo. La verdad es que no quiero ser la comidilla de la gente. Puedo aguantar y hacer de cuenta que no pasa nada, aunque los celos y la rabia me enfermen cada vez que algún buen “amigo” me hace llegar fotografías tuyas con tu aventura en turno, entrando o saliendo del peor motel.
Después de todo, no soy la única esposa engañada sobre la tierra, trato de convencerme de eso.
Yo que siempre me consideré una ganadora en todo lo que hacía, ahora soy una campeona en recibir mentiras y tolerar humillaciones, y perdí lo más valioso que todo ser humano tiene en la vida: el respeto a sí mismo.

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