Él y Ella


Una historia como cualquier otra, que suceden a cada instante.....
Salu2.

Él.
Ernesto llevaba días inquieto, mal humorado. En especial ese día llegó tarde a su trabajo como auxiliar contable en un taller de herrería y argumentando no sentirse bien solicitó retirarse dos horas antes de finalizar su turno. Llegó al bar donde se citó con su amigo de toda la vida José Manuel. Necesitaba urgentemente desahogarse con alguien. Ya había callado más de lo que podía soportar.
Después de ordenar cada quien su bebida José Manuel comentó:
-Pero hombre vaya si estás mal. Te ves ausente, traes unas ojeras como si no hubieras dormido. Problemas en casa?
Ernesto lanzó un suspiro, se tomó unos segundos antes de contestar.
-Problemas, sí, pero no en casa.
José Manuel alzó las cejas.
-Te despidieron del trabajo y no sabes como darle la noticia a Gaby.
-Ojalá fuera eso y yo no me encontraría al borde de la locura. –se aclaró la garganta, otro suspiro profundo- Tuve una aventurilla, nada serio, pero ahora esa mujer está embarazada y asegura que es mío. Yo….. no sé si creer o no.
José Manuel se encogió de hombros.
-Existe ahora una manera muy sencilla de saberlo, la prueba del ADN, imagino que sabes de lo que se trata ¿no? Por medio de un examen de sangre practicado a la madre, en este caso tu…. amiga, amante ó lo que sea, se sabe de inmediato si es tu hijo o no.
-No, no, no. ¿Y que tal si resulta ser mío? Ella va a exigir que me haga cargo de él ¿y que hay con mi familia? No quiero destruirla, amo a mi esposa y a mi hija, no me interesa tener hijos con otra mujer. –su voz estuvo a punto de quebrarse por el llanto.
-Destruiste tu mismo todo eso desde el momento que te relacionaste con otra persona; los errores se pagan amigo mío, y tu no vas a escapar de la ley causa y efecto. Quizá evadas ahora tu responsabilidad pero pagarás tu factura más tarde o más temprano.
-Esa mujer no significa nada para mí, fue solo un rato de pasión salvaje, parecíamos dos animales, no hubo otro sentimiento de por medio. No puede ser que a la primera vez la haya dejado preñada. De seguro antes estuvo con alguien más y quiere endilgarme el milagrito a mí. Ninguna mujer decente se acostaría con otro hombre teniendo un novio a quien guardarle fidelidad.
José Manuel ignoró los comentarios de su amigo.
-Los dos son culpables en partes iguales, si tú como hombre estás al borde de la locura creo imaginar como se sentirá ella.

Ella.
Micaela se mostraba distraída y preocupada, compañera de trabajo de Ernesto, era la asistente de los dueños del taller de herrería. Era una mujer ambiciosa y calculadora, por lo que el embarazo no estaba en sus planes.
-Quien iba a decirme que dejarme arrastrar por el deseo en una noche de copas arruinaría todo lo que he formado en el transcurso de estos 12 años de trabajo: el inicio de mi carrera profesional, mi propio negocio, la posibilidad de conocer gente de nivel superior al mío y lograr un buen matrimonio en el sentido económico. Pero este maldito bebé ha venido a deshacerlo todo. –guardó silencio y lágrimas de impotencia nublaron sus ojos- No quiero tenerlo, no quiero ser madre todavía, aún no es mi tiempo. ¿Qué hago? El tiempo transcurre y Ernesto no enfrenta las cosas, me evita desde que le dije del problema. Con su ayuda no cuento, tengo que tomar una decisión yo sola, no voy a echar mi futuro por la borda después de haber pasado miserias y humillaciones. Estoy en mi mejor momento como pequeña empresaria y dentro de muy poco lo estaré como profesionista. Voy a deshacerme de mi problema.
Sacó de su bolso una tarjeta que una antigüa conocida le dio alguna vez “por si algún día se te ofrece” le dijo. Y el día llegó ya.
Con el miedo reflejado en su rostro Micaela acudió a la cita de revisión con la ginecóloga, después de pasar por varias dolorosas revisiones acordaron la fecha para que la operación se llevara a cabo.
La noche anterior a la operación no pudo dormir, nunca antes hubo estado en una sala de intervenciones quirúrgicas, pensó en todo lo que puede ocurrir en una de ellas: alguna complicación no prevista ocasionaría no despertar nunca más; se preguntó si valdría la pena arriesgar su vida a cambio de una posición económica y social. Se visualizó son su hijo en brazos, cambiándolo de pañales, llevándolo a la escuela, preparándole la comida. No.
-No es mi destino, sí deseo un hijo pero no ahora ni mucho menos de la manera forzada como se dieron las cosas. No niego que en un momento me hice la ilusión de tenerlo pero…..la decisión ya está tomada. No voy a echarme atrás.
Al día siguiente al término de su trabajo se dirigió a la clínica, después de que la asistente del médico le solicitó los datos personales la acompañó a una salita donde le tomaron la presión, y un enfermero la condujo a un cubículo y le extendió una bata blanca para que se cambiase. Ya estando enfundada en bata la condujo al quirófano y fue tanto el terror que Micaela sintió que tuvo el impulso de salir corriendo. Escuchó una voz decirle al oído :
-Tranquila, piensa con la cabeza fría, este niño será un estorbo en tu vida. No te arrepientas ahora de la decisión que tomaste.
El enfermero la trajo de vuelta a la realidad. Todo listo. Pasaron al quirófano. Se tendió sobre la superficie de la camilla. Sintió el metal de la aguja penetrar su vena y luego correr el transparente líquido dentro de ella ocasionándole frío. Después sintió algo helado mojar su espalda, y nuevamente un metal frío en algún lugar de su columna volvió a penetrar su carne. Minutos después la doctora entró lista para intervenir, Micaela sentía cada vez más y más frío, castañueleaban sus dientes mientras la doctora entre plática y risas con el enfermero que la auxiliaba cumplía con su trabajo. No pasaron ni diez minutos cuando la doctora se acercó a ella para decirle.
-Ya todo terminó, te espero a consulta el próximo lunes. Cuídate.
Desconcertada, Micaela intentó incorporarse un poco pero se sentía tan débil que se dejó caer nuevamente sobre la camilla. Observó a su alrededor. Estaba sola en ese espantoso cuarto de operaciones.
-Por fin salí de esto. Es como si nada hubiera pasado. Mi futuro será como yo lo trace aunque quizá el precio que pague de hoy en adelante sea muy alto. He rechazado y maldecido mi sangre. Que Dios tenga misericordia de mí.
Sus ojos se humedecieron.

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