Sin Respuesta


Todo comenzó cuando luego de dos años de estar en la búsqueda de un buen empleo, ingresé a laborar en una de las más sólidas empresas en el área de la construcción. Aquí te conocí, soy sincera y admito que desde el primer día me sentí atraída por tu mirada, que daba lugar para imaginar que dentro de ti de desbordaba un caudal de ternura, y por tu sonrisa, juguetona tal cual un chiquillo travieso. Fue en Octubre.

Noviembre 2002.
Nada personal sabía acerca de ti. Y nunca lo sabré.
Conforme transcurría el tiempo, me iba gustando más tu forma de ser: siempre sonriente, atento con los demás, nunca te viste enfadado o contrariado, tomabas las cosas con excesiva tranquilidad. Nuestro trato era solo en el ámbito laboral: me solicitabas una llamada, el envío de un fax, ó simplemente te reportabas para avisar que ibas en camino a la Universidad para impartir clases de la materia de Dibujo; ya que aparte de ser Arquitecto, también jugabas a ser maestro.
Si yo tomaba el “atrevimiento” de querer iniciar una conversación contigo, marcabas inmediatamente el alto. De vez en cuando comentabas algo, siempre respecto del maldito trabajo. Y sonreías. Yo sonreía también, al tiempo que pensaba que más decir para alargar aquel momento.

Diciembre 2002.
Los preparativos para nuestro convivio navideño!
Yo no deseaba estar en esa fiesta, no tenía la confianza suficiente con el resto de los compañeros, además, tú también estarías ahí, y tu presencia me haría sentir algo de nervios. Esperé verte llegar acompañado, con tu novia o esposa. Llegaste solo, esto encendió más dudas en mí.
Paradójicamente, también me sentí contenta.

Enero 2003.
Eres un hombre serio, seco, como decimos las mujeres. Pero ya te mostrabas más accesible, ó al menos así lo sentía yo. Días más tarde aprecié ciertas miradas tuyas hacia mí; te sonrojaste y sonreíste al saberte descubierto.
Preferí pensar que me observabas solo por curiosidad; no deseaba ilusionarme, llegué a la empresa con la firme idea de trabajar para ahorrar e iniciar mi propio negocio y lograr al fin independizarme económica y laboralmente. Además, lo más seguro era que tu tuvieras una esposa y unos hijos de quienes ocuparte y cuidar.

Febrero 2003.
Mes de los enamorados!
Recuerdo que nuestro compañero Artemio, aún con carácter explosivo y difícil, recibió 2 ramos de rosas rojas y una canasta de fruta, obsequio de sus tantas admiradoras. Los demás, en cambio, no recibimos nada.

Marzo 2003.
Cierto día, hablando de Artemio, recordamos sus obsequios recibidos el día de los enamorados; tú medio en broma dijiste que te gustaría que alguien tuviera un detalle de ese tipo contigo.
Fue en ese instante cuando supe que no te ataba compromiso alguno, ni tenías quien te esperara al llegar a casa.

Decidí arriesgarme. Solo había dos caminos: ganar ó perder.

Abril 2003.
Tu cumpleaños!
No sabes, y nunca sabrás lo tentada que estuve de enviarte ese ramo de rosas rojas que tanto deseabas. Me detuve : ¿cómo sería posible que yo, una mujer, le enviase flores a un hombre?
Ni de broma.

Mayo y Junio 2003.
Fui demasiado obvia: te diste cuenta que me gustabas, y en un principio creí que mis sentimientos eran correspondidos.
Así lo entendí yo con tus actitudes y atenciones hacia mí.

Julio 2003.
No aguante más.
Desaprovechamos un sinfín de oportunidades para conocernos, y yo me cansé de esperar a que tú tomaras la iniciativa. Me gustaba imaginar que salíamos juntos a comer, que paseábamos los fines de semana después de una agotadora jornada de trabajo. Pero nada de eso era real.
Odié los fines de semana que provocaban que no te viera en dos días; odié también las reuniones de proyectos a las que acompañabas a nuestro jefe, y lo odié a él por robarme de esa manera un tiempo que me pertenecía, haciéndolo más corto y eterno a la vez.
Ese sábado decidí invitarte a que fuésemos a conversar a otro lugar fuera de la oficina; quedamos en que darías tu respuesta dentro de algunos días.
Sin embargo; pasaron 7, 8, 9 días y tú no decías nada; ni siquiera hacías mención al asunto; así que armándome de valor te enfrenté, tú estabas nervioso, confundido, dijiste necesitar más tiempo. ¿Pero para qué? Las cosas del corazón no se piensan, y menos aún cuando el sentimiento es recíproco.
Entré en una especie de “shock”, estaba cien por ciento segura que tu respuesta sería “sí”.
No me dijiste la razón de tu negativa, y ni yo quise preguntar, cada minuto que estuve frente a ti mi impotencia y mi vergüenza crecían; mi dignidad me ordenó “márchate, y olvida lo que ha pasado”. Dije “adiós” y dí la media vuelta. Me preguntaba la razón de tu rechazo; mil ideas, algunas lógicas, otras no tanto, se instalaron en mi cabeza. Todas eran aceptables en mi situación.

Septiembre 2004.
Ha transcurrido un año desde aquel incidente, y aún me pregunto que falló, no he encontrado la respuesta. Tú eras perfecto para mí, así lo sentí, teníamos intereses muy semejantes, sabemos lo que queremos y cómo lograrlo, siempre cuidando de no pisotear a los que están a nuestro alrededor.
Y hasta somos afines en el signo del zodíaco.
A tu lado todo sería perfecto, me hubiera esforzado por hablar el Inglés a la perfección, tal como lo haces tú, aunque de todas formas lo voy a aprender. Pienso que de ti yo hubiera aprendido a ser tolerante y quizá hasta cambiase positivamente mi carácter, tú eres un tipo tranquilo, que no va por la vida buscándose problemas.
Mentalmente imaginé nuestra vida juntos, ya sé que fui demasiado rápido, pero me veía a tu lado en una casa con un amplio jardín, saliendo apresuradamente todas las mañanas, tú yendo rumbo a tu oficina y yo en camino para atender mi beauty-salon. Y por la tarde, nos reuniríamos nuevamente en nuestro hogar, ó quizá me invitases al cine para ver una película, y después iríamos a cenar. Ese era nuestro futuro ya resuelto, diseñado por mí para los dos.
Lástima que todo quedó en eso : imaginación.
Tú ya te marchaste de la empresa, pero aún continúas dentro de mi vida.

Viene a mi mente aquella canción de Chayanne que dice :
“cambiaste mi vida, me hiciste crecer, y es que no soy la misma de ayer”.

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