Como dice la canción


Hoy mi pared esta triste y vacía,
es que quité tu fotografía…

6:00 a.m.
Sonó el despertador, es hora de levantarme. Pero todavía tengo sueño, pasé la noche despierta, fue quizá la más larga noche que he tenido en los últimos 15 años. No quiero levantarme, aun así me levanto y me voy a la ducha, mis movimientos son los de un robot programado para ejecutar la misma tarea una y otra vez; pero a diferencia del robot, yo, mientras el agua escurre por mi cuerpo no dejo de pensar en ti, en nosotros, en que motivos te llevaron a alejarte de mi antes de siquiera haber comenzado lo que pudo haber sido una tierna historia de amor. Mi vestido violeta dice que luzco maravillosa, pero el espejo me devuelve una imagen que dice lo contrario, dice que la mujer que está frente a él tiene la mirada distinta, su ingenuidad y su ternura se han marchado, ahora solo reflejan desilusión y una furia contenida que son el sabor de la derrota total; las facciones de ese rostro se han endurecido en cuestión de horas. El maquillaje es una débil mascara que no puede ocultar la tristeza femenina; los tacones altos ocasionan que me canse muy rápido, usaré de nuevo el zapatito de charol para andar cómoda.

En la cocina me preparo una taza de humeante y aromático café (descafeinado, por aquello del insomnio) y tres panes tostados con mantequilla (baja en grasa por aquello de guardar la línea). Tres rebanadas de pan y solo di algunas mordidas a uno dejándolo a la mitad, al café le puse demasiada azúcar, quizá una cucharada de mas, pero el desamor provoca que hasta lo dulce tenga sabor amargo.

Especialmente hoy el camino al trabajo me pareció largo y hasta doloroso. Es doloroso llegar a mi empleo y hacer de cuenta que todo esta bien, contestar una y otra vez ese teléfono maldito que no para de sonar durante 8 o 10 horas, hablando con gente que no conozco de cosas que no sé y ni me importan, cuando yo lo único que deseo es que una de esas llamadas sea tuya. Me agota ver gente entrando y saliendo de la oficina cada quien pendiente de sus asuntos. Es cruel darse cuenta que el mundo sigue girando aunque el mío se halle de cabeza, pero a pesar de eso no voy a morir solo porque tu te hayas marchado de mi vida.

Levanto la vista hacia la computadora y observo tu fotografía, la que instalé como fondo de pantalla; luego mi mirada vaga por el escritorio y se encuentra con tu sonrisa enmarcada en un portarretrato dorado. Cuánto me gusta esa sonrisa! Pero también cuanto dolor me ha causado.

Bien, es hora de terminar con los lamentos y ocuparme en mi trabajo y en mis asuntos para que mi mundo vuelva a su ritmo. Y lo primero que haré es quitar tu fotografía de mi área de trabajo para que tu recuerdo no me mortifique más cuando estoy laborando.
Luego romperé la que traigo en mi cartera y arrojaré sus pedazos al fuego, así me cercioro que no queda nada de ti en mi espacio. Y por último borraré las que tengo guardadas en la memoria de mi celular.
Te digo adiós sin guardarte sentimientos negativos, ni mucho menos sentirme culpable por no haber logrado despertar tu interés por mí.

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