Apariencias

Llovía a torrentes aquella tarde. Desde su mesa en el restaurante, Paola Enríquez veía a la gente correr intentando resguardarse de la lluvia. Le provocó risa el ver a un hombre cruzar la avenida rápidamente para que no lo mojasen los autos, pero al alcanzar la banqueta resbaló y para evitar caer hasta el suelo se sujetó de una mujer corpulenta, pero los dos terminaron panza abajo sobre el asfalto, mojados y cubiertos de zoquete, mientras el resto de los transeúntes apenas si se percataron de lo sucedido.
No le apenaba que la vieran sonreír sola, se hubo acostumbrado a ello, ya que reconocía observar a la gente para encontrar en ella algún detalle gracioso en su forma de vestir, de hablar, algún gesto del cual mofarse. No era burlarse, decía, solo veía las cosas amablemente. Según ella. Burlona y criticona. Así la llamó Elvia alguna vez, años antes, mientras estudiaban un curso de inglés.
-Elvia, ¿por qué tuviste que ser tú? Contra cualquier otra mujer yo podría luchar sin remordimiento, pero contra ti no. no deseo que nuestra amistad se pierda, pero tampoco estoy dispuesta a perder al hombre que amo. Me costó mucho tiempo encontrarlo como para perderlo a las primeras de cambio.
Su mirada volvió a perderse entre la gente, mientras del baúl de su memoria escapaban como palomas los momentos vividos entre aquellas cuatro paredes. Volvió a verse en aquel salón de clase. Elvia y Marcia se convirtieron desde el primer día en sus inseparables compañeras. ¡Que maravillosos y agradables momentos habían vivido durante aquellos meses!
Paola era mayor algunos años que Elvia y Marcia, pero eso no fue impedimento para que la confianza y la amistad entre las tres mujeres floreciera y se fortaleciera día a día.
Como entre todas las amigas, la relación amistosa había sufrido algunos altibajos entre Elvia y Paola, aunque fueron fricciones sin importancia. Paola era una dama perfeccionista, lider acostumbrada a que sus ideas fuesen tomadas en cuenta y la mayor de las veces llevadas a la práctica; un poco (o totalmente) autoritaria y con una habilidad de convencimiento; cualidades que no le fueron heredadas, tuvo que hurtarlas a la universidad de la vida si deseaba sobrevivir. En cambio Elvia era la más pequeña de 6 hermanos, todos los cuales siempre estaban al pendiente de ella, procurando su bienestar, cuidándola. Elvia creía merecer toda la atención porque desde pequeña así se lo hicieron sentir. Elvia y Paola. Dos personalidades fuertes, atrayentes, y sin embargo totalmente opuestas. Marcia en cambio era una chica de carácter apacible, una rara especie que en pleno siglo XXI, cuando los hijos ya son independientes de sus padres y hasta de sus hogares, ella aún no se desprendía del yugo de sus padres. Tercera hija de cuatro que conformaban la familia, educadas dentro de la religión católica, no tenía más prospectos y planes que los que su familia tejiese. Por su carácter moldeable, ella era siempre la mediadora en las fricciones entre Elvia y Paola.

Miró su reloj. Las 4:30. faltaba media hora para que tanto Elvia como Gregorio llegasen. Recordó que en cierta ocasión, estando disfrutando de un receso en clase, entre pláticas, Elvia y ella coincidieron en que les gustaba un chico del otro grupo; la descripción que ambas hicieron del tipo era la misma tanto físicamente como de la forma de vestir. La preocupación se dibujó en sus miradas. Parecían las dos hacerse la misma interrogante: ¿y que haríamos si se tratase de la misma persona? Hasta ese momento, Paola nunca había pensado ni siquiera en una remota posibilidad de que tuviese que “cuidar” a su novio del acecho de sus amigas. Porque una nunca sabe, y con eso de que la “mejor amiga” le “baja” el novio a la otra..... Elvia se apresuró a decir:
-“Dejaremos de ser amigas por cualquier otra cosa, pero por un hombre no creo. No será así.”

Paola y Gregorio
Paola conoció a Gregorio durante la exposición de una reconocida pintora en el museo central de la ciudad. Su aspecto físico le recordó a un antiguo compañero de una empresa para la cual trabajó. Con ese pretexto se acercó a él, recorrieron juntos la exposición; al terminar ésta Gregorio la invitó a cenar y así conocerse mejor. Inmediatamente se dio cuenta de cuan caballeroso era su nuevo amigo, le abrió la portezuela del coche, la ayudó a bajar, le abrió la silla cuando se sentaron a la mesa. “Dios! Cuanto hace que no conozco a un tipo así!”. La plática terminó por atraparla: Gregorio era Licenciado en Diseño Gráfico y tenía su propia empresa de publicidad; de deleitó comentándole que la campaña publicitaria del gobernador en turno había sido diseñada por él. “Wow”. La imaginación de Paola corría a mil por hora. Hubo momentos en que se embelesaba tanto con la personalidad de aquel hombre que la verdad poca atención prestaba a lo que estaba platicándole.
-“Sé que esto no es normal, pero este tipo me atrae y no es por su físico, porque lo que se dice guapo, atractivo....... no es. Pero posee algo que llama mi atención. No sé. Quizá sea su forma de vestir, o la verdad es que me gustan los hombres que visten de traje. Y aparte tiene formación académica, su propia empresa. Emprendedor. Justo lo que yo busco.....”
intercambiaron teléfonos. Se frecuentaron siempre que sus actividades se los permitían.

Elvia y Gregorio
El semáforo marcó la luz roja. Elvia detuvo la marcha y subió un poco el volumen al estéreo. Estaba nerviosa. Se desempeñaba como ejecutiva de apertura de cuenta en una institución bancaria. Cierto día su compañera de área no fue, tuvo que ingeniárselas sola y por no hacer esperar a los clientes se presionó a tal grado que por equivocación cambió los contratos y por ende las firmas no coincidían con los nombres. El primer cliente a quien llamó para comentarle lo sucedido y pedirle acudiera otra vez a firmar el nuevo contrato se enfureció y vociferaba que si apenas tuvo tiempo para ir a abrir una cuenta menos tiempo tendría para corregir los errores de loe empleados, que como era posible que sucedieran esas cosas en una institución de renombre, que si en los intereses se vería reflejado el tiempo que le hicieran perder, bla, bla, bla.
Estaba reacia a llamar al segundo cliente por temor a recibir otra letanía de sermones. Para su sorpresa Gregorio se comportó de lo más comprensivo y amable. Se apareció por la institución cerca de la hora de comida, y arguyendo ya no alcanzar a regresar a comer a su casa, le propuso a Elvia lo acompañara a algún restaurante cerca de allí. Invitación que ella no despreció, desde luego.....
El ruido de un claxon la volvió a la realidad.
-Paola, Paola, sé que tu lo quieres también, pero no voy a perder a quien considero el hombre de mi vida. Que sea él quien decida a cual de las 2 pertenece su amor. Solo espero que si él me escoge a mi tu sepas retirarte dignamente. Sin rencores y sin venganzas.....
Pero si eres tu a quien elige, ¿cómo reaccionaré yo? ¿qué seré capaz de hacer?

Gregorio
En la sala de espera de un prestigiado y caro hospital, Gregorio caminaba nervioso de un lado a otro. Miró el reloj: las 5:00 en punto.
-“Paola. Elvia. Ninguna de las dos merece esta jugarreta que les hice. Ojalá algún día puedan perdonarme por esto”.
Un médico salió de la sala de operaciones. Sentía su corazón latir cada vez más fuerte.
-Como está ella doctor?
La sonrisa amigable del médico le devolvió la calma.
-Tranquilo Sr. Astivia. El transplante ha sido todo un éxito.
Y de pronto su nerviosismo y sus temores desaparecieron. Sonrió.
Entró loco de felicidad a la habitación donde convalecía una guapa mujer. Su esposa.
-Ya la angustia terminó, amor. Todo salió excelentemente bien. Ahora vas a recuperarte y regresaremos a casa.

Paola y Elvia
5:00 de la tarde. El nerviosismo era evidente entre ambas. Trataron inútilmente de mantener una conversación, ya que se distraían con cada persona que entraba al restaurante o con quien pasaba de largo en la acera. Eran cerca de las 6:00 de la tarde cuando un hombre se acercó a la mesa de ambas.
-Lic. Enríquez es un placer saludarla. Ya estoy aquí como quedamos.
-Gracias. Le presento a Elvia, una amiga.
Desconcertada, Elvia logró esbozar una débil sonrisa. Levantándose de su asiento dijo:
-Creo que no tiene caso seguir esperando más. Me retiro...
Paola no la dejó terminar.
-Elvia no te vayas. Esto nos concierne a las dos. Es sobre Gregorio. –se apresuró a agregar al ver la duda reflejada en el rostro de su amiga.
La muchacha volvió a sentarse.
-Y bien detective. Podemos comenzar.
El detective asintió. De su maletín extrajo un cuadernillo negro, el cual le entregó a Paola.
Comenzó a leer. Elvia intentó adivinar de que se trataba esa inesperada reunión con un hombre que ni siquiera conocía; intentaba ver en el rostro de Paola que contenía aquel cuaderno negro que su amiga leía.
-Está completamente seguro de todo lo que aquí dice? –cuestionó Paola. Un tono de duda había en su voz.
-Toda la información fue recabada de fuentes fidedignas. Vecinos, amigos muy cercanos, ex jefes, compañeros de trabajo y de estudios.
Continuó leyendo. Consideró que ya era suficiente y pasó el cuaderno a Elvia.
Ésta lo abrió y comenzó a leer.
-No es posible. –mirando al detective y luego a Paola- Gregorio no puede estar casado. Pasaba la mayor parte del tiempo conmigo. Nos dejábamos ver juntos en restaurantes, en el gimnasio, en eventos......... No. Esto no es cierto. –pasó el cuaderno a Paola.
-Desafortunadamente así es, señorita. Gregorio Astivia contrajo nupcias desde hace seis años con la señora Alicia Morales. Ella actualmente radica en la Unión Americana donde espera un transplante de hígado. Por lo costoso de la operación el señor Astivia se vió en la necesidad de solicitar préstamos bancarios, y al serle negados recurrió al truco más gastado de todos: valerse de su encanto masculino para atraer mujeres con posibilidades económicas, y con el pretexto de que su empresa atravesaba malos momentos financieros les pedía dinero prestado, prometiendo regresarlo en cuanto recuperase sus inversiones.
Ambas mujeres guardaron silencio. Cuando se hubo retirado el detective, Elvia inició la conversación.
-Quien iba a imaginarlo ¿no? –sonrió con ironía- Las dos enamoradas del mismo hombre, casi nos enemistamos por su causa y el susodicho resulta ser todo un casanova a quien solo le interesa el dinero. Bah!!
Paola arqueó ligeramente las cejas.
-No lo podemos juzgar sin antes saber que pasó por su mente cuando lo hizo. Pero escuchamos lo que dijo el detective: su esposa esperaba un transplante, y eso es caro, y más en los Estados Unidos. Eso es un motivo válido. No lo justifico, pero lo comprendo.
Elvia la miró fijamente.
-Dime una cosa Paola, ¿cómo o por qué se te ocurrió la idea de investigarlo? ¿Qué necesitabas saber?
Dejó escapar una risita nerviosa antes de responder.
-La verdad, en un arranque de despecho podría acusarlo de robo. Y tú me diste la idea. –Elvia quiso decir algo, pero antes de que pudiese hacerlo, prosiguió- Aquella noche que te presenté a Gregorio como mi novio, dijiste que aparte de socios formábamos un triángulo amoroso. Palideció. Supe entonces que no era la única ingenua a quien envolvió para lograr un beneficio económico. El resto ya lo sabes.
Elvia tomó las manos de Paola entre las suyas.
-¿Te acuerdas que cierta vez dije que nunca nos enemistaríamos por un hombre? ¿lo recuerdas, verdad? –Paola asintió- Aprendimos la lección. No habrá una segunda vez. Nunca.

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