Ella que nunca fue ella

Siento un sueño muy fuerte que comienza a vencerme. No. No voy a dormir. Me levanto y voy a sentarme frente al espejo de mi tocador. Me dibujo los labios para no lucir tan paliducha ante la gente, ya conoces como son de criticones y nunca se les da gusto; oh, me encanta la sensación de deslizar la barra de color sobre los labios. Hermoso color. Rojo. Me fascina el rojo. Y que decir de mi vestido. Inmaculado blanco, sin la más mínima mancha. Luzco mis aretes y mi gargantilla de plata, sencilla pero elegante. Cepillo mi cabello rápidamente. Raúl me espera en la sala, iremos a celebrar nuestro quinto aniversario de matrimonio. Después de muchos tropezones y caídas que tuve me cuesta trabajo creer que hoy tengo aquello por lo que incansablemente luché y que hoy disfruto plenamente: un comprensivo esposo que aparte es amigo y compañero, un pequeñito que es el motor para continuar en la ardua pelea de la vida, una carrera política que apenas comienzo pero creo que será fructífera.

De repente en el espejo veo nuestra imagen, Raúl y yo cenando relajados, no recuerdo que platillo comimos pero sí me acuerdo muy bien lo contento que nos sentíamos los 2. Bailamos, y me di cuenta que la atracción y el amor que siento por él aun son muy fuertes. Somos como dos gotas de agua idénticas, compartimos los mismos intereses, buscamos las mismas metas, ambos fuimos educados dentro de familias muy conservadoras.

El cerrarse bruscamente la puerta de la habitación me volvió a la realidad. Por el espejo ví la figura de un tipo desaseado, con aliento alcohólico, blasfemando a mas no poder; ese es mi estupendo marido, pero no, no es Raúl. Raúl es solo el nombre que di al ideal que existió en mi imaginación desde que era una niña. Cierro los ojos hastiada ya de ese infierno, él esta hablándome, no logro entender lo que dice y solo lo miro, deja escapar una carcajada y da la media vuelta para salir de la habitación. Las lágrimas inundan mis ojos y comienzan a correr por las mejillas. Nada de esto es lo que yo merecía vivir. Fui una excelente estudiante, tenía la capacidad para convertirme en una profesionista de éxito, no soy abogada como yo deseaba ser y no tengo ninguna carrera política, apenas y me gano la vida detrás de un escritorio como recepcionista soportando el mal genio de mis jefes y mis compañeros y ganando una miseria de sueldo. Ya perdí la cuenta de las veces que intenté superarme profesionalmente, pero ya cuando tienes un marido e hijos es difícil. Quisiera retroceder en el tiempo y sin cobardía ser yo misma, porque en estos momentos soy lo que “mami” quiso ser y no fue, soy la mediocridad con la que ella se conformó, soy una mujer apagada y gris a quien se le fue la vida en tejer sueños que no pudo hacer realidad. Y todo te lo debo a ti “mamita”. En este día especial para ti alzo mi copa para brindar por la envidia que sentiste por mis logros, sin importar que tan grandes o pequeños fueran nunca eran suficientes para ti. Por el coraje que sentías cada vez que un chico mostraba interés en mi y tu te encargabas de alejarlo puesto que nadie debía explotar la minita de oro mas que tú. Derramo la champaña en el piso, suelto la copa y el sonido del cristal al romperse me dice que es el momento de terminar y empezar. Terminar y empezar. Salir de este túnel oscuro, tengo 36 años, aún puedo ser lo que quise ser. Ahora que tu ya no estás en este mundo.

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