Bàrbara de la vida real

Lejos de las canchas, Fernanda y Natalia observaban como su “odiada amiga” Cecilia derrotaba a su rival en el partido de tenis. Admiraban pero al mismo tiempo les molestaba su agilidad, esa condición física que desarrolla quien practica a diario una rutina de ejercicio. Admiraban también su destreza con la raqueta: a pesar de que Cecilia era zurda la más de las veces no fallaba al devolver la pelota.
-A veces la detesto -gimió Fernanda mientras encendía su cigarro- Yo tengo más tiempo para entrenar, contrato los mejores entrenadores y mírame: nunca logro ganar más de 3 set.
-Lo lograrás si dejas de envenenarte con el cigarro, el alcohol y los antros. Prepararte más a conciencia. Acuérdate que no cuenta la cantidad sino la calidad. –concluyo Natalia.
Fernanda rió de manera irónica y negó con la cabeza.
-Me sorprendes Nataly, nunca has tenido en buena estima a Cecilia y ahora estas de su parte….
-No te confundas amiguita. –con tono de burla responde Natalia- No soporto a las tipas como ella que todo el tiempo creen ser mejores o superiores a las demás, y la gente las transforma en heroínas solo porque han logrado superar los obstáculos que la vida nos pone. Mírala, -sonríe Natalia, y en sus ojos hay un brillo de admiración- me recuerda tanto a aquella novela de Rómulo Gallegos, creo que se llama “Doña Bárbara”. O no? –Fernanda se encogió de hombros- Si. Bárbara. Mira que hay que tener los calzones bien puestos para que todos te respeten aún sin tener una presencia masculina al lado. –suelta una carcajada- Mira que hasta los más machos se doblaban ante la mujerona.
-Comentan de casualidad “Doña Bárbara”? Es una estupenda novela, una joya de la literatura moderna. Me da gusto que la lean. Todas las mujeres tenemos algo de Doña Bárbara, pero muy pocas lo sabemos y otras pocas lo llevamos a la practica. -Cecilia les dedicó una cálida sonrisa.
Sorprendidas Fernanda y Natalia intercambiaron miradas.
¿Habrá escuchado que nos referíamos a ella?

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