Amiga Soledad




Lauro.
La calle estaba solitaria, había llovido durante la tarde y el pavimento aún estaba mojado. La luz procedente de las luminarias públicas y el silencio reinante a esa hora de la noche, las 11:45 p.m., la hora de las brujas según lo considera la mayoría de la gente, daban un aspecto fantasmal.
Lauro entró rápidamente a la cochera de su humilde vivienda, agradeció a Dios que su motocicleta no se hubiera varado en medio del camino. Hacía frío. Entró a su casa y sin dar tiempo a nada más, Rocco, un juguetón frenchecito color blanco y tiernos ojos verdes se abalanzó sobre su amo dando de ladridos de gusto y meneando la cola, saludo que Lauro respondió acariciándole la cabeza.
-Hola Rocco, ya estoy de vuelta en casa.
Se tiró sobre el sofá. Encendió el televisor. No quería pensar, necesitaba llenar su mente con situaciones e incidentes ajenos a su vida.
Mirando sin ver, oyendo sin oír, en su memoria estaba fresco todavía el momento que horas atrás fue el más amargo que hubo pasado en los últimos años.
Eran las 9:00 de esa noche, en un restaurante de comida rápida el grupo se reunió a celebrar que ya había finalizado el semestre, Ruth estaba ahí, impecablemente vestida como desde el primer día que iniciaron clases, con ese traje color violeta que le sentaba de maravilla, esta vez notó algo diferente en ella, aunque de momento no pudo precisar qué, mientras, los demás compañeros conversaban entre sí, él se unió al resto de ellos, todos coincidían en expresar lo contentos que estaban pues horas antes presentaron el último examen del semestre.
-Que rápido pasa el tiempo, -comentó Alma, quien además era la mejor amiga de Ruth- si aprobamos este examen dentro de algunas semanas ya estaremos cursando el tercer semestre. Que emoción!
De pronto Salvador solicitó la atención de todos ellos. Salvador Arena no era exactamente compañero de clase, él los aventajaba con 2 semestres de diferencia. La amistad con él se dio por medio de Ruth en un viaje estudiantil que realizaron el semestre anterior. Ese viaje fue el punto de partida para varios eventos en los que se requería la presencia del grupo que formó parte del mismo.
-Pido su atención un momento amigos, -cuando el silencio se hizo presente esbozó una sonrisa- Ruth y yo tenemos algo que comunicarles. –miró a la joven y sonriendo aún continuó- hacemos de su conocimiento que a partir de hoy Ruth y yo somos novios.
-Novios. –La palabra escapó en voz alta de los labios de Lauro.- Salvador y Ruth novios.

Ruth, comenzar de nuevo.
Se habían conocido un año atrás, en la Facultad de Comunicación donde ambos iniciaban una nueva etapa en su vida profesional. Lauro contaba 37 años y Ruth 33.
Su primera plática fue en los pasillos de la escuela, a la salida de clases. Desde el momento que comenzaron a tratarse la camaradería entre ellos fue incondicional, conforme avanzaba el tiempo descubrieron cosas afines entre ellos, por ejemplo ambos compartían el mismo mes de cumpleaños con diferencia de 10 días. La confianza que recíprocamente surgió no tuvo límites.
Lauro la acompañaba cada noche a la parada del autobús y Ruth disfrutaba de su compañía. Podía el reloj avanzar y ella no deseaba separarse de él. Le divertía su sentido del humor, su manera de decir las cosas que hasta la noticia más desagradable en sus labios sonaba como un chiste y ella reía a carcajadas.
Su intuición le decía que aquella mujer demostraba un interés genuino en él. Sus atenciones y la forma de tratarlo distinto a los demás así lo revelaba; siempre al pendiente de él, sorprendiéndolo continuamente con algún detalle.
Pero Lauro estaba negado a un nuevo comienzo.
“De ninguna manera voy a involucrarme sentimentalmente con alguien. Mi objetivo es totalmente distinto al romántico”.

Amelia. La confianza destruída.
Amelia. Creía haberla olvidado, pero no. Estaba ahí. Escondida en un rincón de su mente. La recordaba siempre activa, dedicada a su trabajo como promotora de artículos de belleza en tiendas departamentales. La unión, porque no estaban casados ni siquiera por la Ley Civil, si duró apenas un año y medio. No se dio ni la remota posibilidad de un hijo pues Amelia por el momento invertía su tiempo en trabajar para conseguir una mejor calidad de vida.
“Que gran mentira, -diría Lauro después de su separación.- nunca estuvo conforme con la vida que le ofrecí, siempre ambicionó lo que no tuvo y que no podrá obtener a no ser que logre que el idiota ese que le estuvo lavando el cerebro la convierta en su esposa. Par de malditos.”
Emergió de las sombras de su mente la noche que llegó de Guadalajara, de una Feria del Libro donde la editorial donde él se desempeñaba como Gerente de Edición participó durante dos semanas. No avisó a Amelia pues quería sorprenderla; y vaya que si fue una sorpresa pero para él! Al bajar del taxi se percató de un elegante y caro automóvil estacionado en su casa, el conductor apenas si volteó a verlo y Lauro no le prestó importancia.
- “¿Esperará a alguno de mis vecinos? Bueno, es cosa que no me importa.” –pensó.
Se detuvo en seco en el umbral de la recámara. Amelia estaba empacando a toda prisa.
-¿Necesitas que te lleve a algún lado? –preguntó, la muchacha se volvió sobresaltada.
-Ah, ya estás de regreso. –contestó sin mucho asombro. En su rostro no podía leerse emoción alguna.
-Así es, y veo que tú vas de salida.
Amelia terminó sus tareas haciendo de cuenta que Lauro no estaba presente. Éste únicamente la observaba ir y venir.
-No tiene caso seguir con este juego. Lo mejor es que nos separemos.
-Juego! –exclamó Lauro irónicamente- ahora le llamas juego a nuestro pasado, a todo lo que vivimos juntos. ¿Dónde quedó el amor que sentimos el uno por el otro? –Contéstame, gritó ante el silencio de ella- Con un carajo Amelia, yo nunca dudé de mis sentimientos hacia ti, tenía muchos proyectos para nosotros juntos. No los eches por la borda ahora. No por favor. –terminó de hablar con voz suplicante.
Amelia en cambio ya cerraba sus maletas, y con ello su historia.
-Estaba confundida, ahora me doy cuenta que es en realidad lo que deseo para mi.
-Estabas confundida. Y por qué nunca lo hablaste? Hubiera sido tan diferente...
-Si te hace sentir mejor ok, reconozco que me equivoqué, -alzó ligeramente la voz- pero no puedo continuar a tu lado. Lo siento. Las necesidades cambian. Y las mías cambiaron. En todos los sentidos. –salió de la habitación y Lauro tras ella sin pronunciar palabra alguna, sin intentar detenerla. La vió salir y cerrar suavemente la puertas tras de sí, se asomó a la ventana para verla por última vez, entonces se dio cuenta del engaño : el hombre del auto que estaba en la entrada era nada más ni nada menos que el amante de aquella a la que consideraba su esposa. Los vió perderse en la lejanía. Que grande y que fría sentía ahora la casa sin ella. Y que silencio tan espantoso lo rodeaba. Dirigió sus pasos al lavabo para lavarse la cara. Nada había sucedido.
-Estoy vivo. –se miró al espejo- Todo sigue igual o mejor que antes, sigo respirando, tengo apetito, tengo sueño. –Sintió de pronto que algo se movió dentro del bolsillo de su camisa. Sacó el pequeño estuche que contenía el anillo que mandó hacer especialmente para Amelia, el cual pensaba entregarle esa noche en señal de que formalizarían su unión. Lo observó detalladamente, luego lo arrojó al inodoro dando varias descargas de agua hasta que se fue.

Ruth. El final.
Lauro perdió la noción del tiempo que pasó repasando la película de su vida. Desde la partida de Amelia se le olvidó alimentar su corazón, y ahora sin darse cuenta esas emociones que se fueron con el viento estaban de vuelta. Lo estaban torturando dulcemente.
Ahora estaba seguro de algo : no deseaba pasar más tiempo solo, recordó que en alguna ocasión uno de sus compañeros mencionó una frase que difícilmente olvidaría : “la soledad es un buen lugar para visitar pero no para quedarse”.
-Ya he caído varias veces, que más da una más.
Recordó las frases de una vieja canción :

I DON’T WANNA MISS ONE SMILE
I DON’T WANNA MISS ONE KISS
I’M HERE WITH YOU, RIGHT HERE WITH YOU, JUST LIKE THIS.

Sus manos temblaban mientras marcaba en el aparato el número telefónico de Ruth. Timbró varias veces. Al fin una voz al otro lado de la línea contestó.
-Ruth, soy Lauro. Sé que no son horas para llamar pero es necesario que tengamos cierta plática…
La joven no le permitió terminar.
-Lauro, hay tantas cosas por decirnos…..
Un suave zarandeo lo despertó. Volvió el rostro hacia la mujer que estaba frente a él.
-Sandra! ¿Qué hora es?
-Hora de que te levantes. –su voz sonó dura.- Anoche me hiciste venir para nada. –Lauro la miró desconcertado- Me llamaste proponiendo que pasáramos una deliciosa noche juntos, y cuando llego lo único que escucho son tus insoportables ronquidos. El que seamos solo amiguitos de ocasión no te da derecho a que juegues conmigo de esa manera. Mira que hacerme perder el tiempo…..
No terminó la frase, Lauro sujetó su mano y la atrajo hacia él. La mujer observó durante unos segundos el masculino rostro y sin decir palabra alguna besó aquellos sensuales labios. Con un movimiento rápido Lauro la acostó a su lado. Sus dedos desabotonaron la blusa y liberaron los pequeños senos del sostén que los apresaba. Desesperadamente buscó los erguidos pezones, los lamió, los mordió. Entonces una voz lo hizo salir de su encantamiento.
-Lauro? Soy Ruth. Aquí estás?
No hubo tiempo para nada más. La puerta de la recámara se abrió y Ruth apareció en el dintel, antes de que la pareja reaccionara, la muchacha dio media vuelta y abandonó el lugar. A toda prisa Lauro se puso encima su bata y fue tras ella.
-Disculpa mi intromisión Lauro, pero la puerta estaba abierta y…..
-Que se supone que haces aquí? –preguntó en tono brusco, interrumpiéndola.
-Anoche dejaste un mensaje en mi contestador. Te estuve llamando sin obtener respuesta, imaginé que tal vez te sucediese algo y decidí venir.
Con una sonrisa cínica en el rostro, Lauro repuso:
-No sucede nada, excepto que estoy teniendo un rato de intimidad con mi mujer y tu vienes a interrumpir.
Un rubor inundó el rostro de Ruth.
-No fue mi intención. De verdad. Perdóname.
Encaminó sus pasos a la puerta.
Lauro echó la llave. Ya nadie los interrumpiría.
Regresó a la habitación donde ya Sandra lo esperaba completamente desnuda. De manera brutal se tiró sobre ella y comenzó, no a besarla, sino a morderla, apretaba su cuello, sus hombros, más que ser los apretones de un amante, pareciera que deseaba triturarla, acabar con ella. Lejos de sentirse lastimada físicamente, Sandra daba suspiros de placer. Lo sintió dentro de ella. Dos. Tres veces.
Cuando todo terminó, el hombre dio la espalda a su compañera, ésta se abrazó a él obteniendo por respuesta una fría despedida. Sin voltear a verla dijo:
-Vístete y vete.
La mujer no se movió, Lauro la apartó con brusquedad.
-No entiendo tu actitud. Acabamos de hacer el amor, quiero quedarme un rato más contigo. En cambio tu…..
La respuesta de Lauro la dejó anonadada.
-Nunca hemos hecho el amor, tenemos sexo que es algo muy diferente. –un momento de silencio- No vuelvas hasta que yo te llame. ¿Queda claro?
No supo Sandra si las lágrimas que amenazaron con brotar de sus ojos eran de amor herido, coraje o celos. Empezó a vestirse lo más aprisa que pudo y salió de la alcoba sin decir palabra. Lauro escuchó un fuerte portazo y luego el silencio se instaló como rey por toda la casa.
-No me importa si te vas molesta, o herida. Afortunadamente a mi alrededor hay demasiadas mujeres dispuestas a regalarme buenos ratos de compañía. Que más da si pierdo una amiga. O quizá dos…..

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