Todo hubiera sido tan sencillo.....


Capítulo IV

No daba crédito a lo que estaba escuchando de voz de la mujer por quien hubo enloquecido. Menos podía creer aquellas lágrimas que asomaron a sus ojos.

Esa mañana antes de salir hacia su trabajo, Edlyn no se había dado cuenta que Áliber aún continuaba en la casa y casualmente escuchó cierta conversación telefónica entre ella y otra persona. Debía ser otro hombre. Así lo sugería su manera de hablar, casi en un susurro, un rubor cubría su rostro de cuando en cuando, y aparecía en sus labios aquella sonrisa encantadora. No podía ser alguien más que su amante.
Aunque reconocerlo le provocaba un inmenso dolor, tenía que enfrentar esa situación. Sí. Lo más seguro es que Edlyn tuviese un amante.
-Algo pasajero, no durará mucho tiempo. Si está conmigo es porque me ama. De eso no tengo duda. No voy a perder a mi pequeña por celos estúpidos.

Áliber trataba de hacer de cuenta que nada sucedía, pero durante los últimos días Edlyn misteriosamente se encerraba en el estudio y pasaba largo rato al teléfono, como una adolescente enamorada. En tanto Áliber era presa de los celos y en su mente veía a Edlyn en brazos de otro hombre, abrazándolo, besándolo, desbordando ternura tal como tiempo atrás lo hiciese con él.

Su imaginación lo torturó hasta el grado que decidió seguir sus pasos. Al principio se negaba a rebajarse de esa manera, siempre pensó que solo la gente insegura era capaz de realizar semejante bajeza. Estaba consiente de su valía como persona y como hombre. Sin embargo, al mismo tiempo estaba prisionero de la duda. Era su cárcel, y la llave para salir de ella era, precisamente, esa bajeza.

La oportunidad se le presentó al día siguiente. Edlyn salió de la casa a la hora de siempre, acudió a su trabajo, y llegada la hora de comer salió de la empresa en compañía de un joven al que Áliber no conocía. Los siguió. Entraron a un módico restaurante, Áliber entró tras ellos procurando no ser visto y se instaló en una mesa al final del recinto. No perdió de vista por un solo instante sus movimientos. Al principio la pareja conversaba animadamente; parecían disfrutar de la comida. Repentinamente notó que la actitud de la pareja era algo rara. Una discusión se hizo presente. Daría lo que fuera por saber que asunto tenía su “pequeña” con aquel hombre. Áliber miraba de cuando en cuando el reloj, impaciente.
-Mi niña, tienes que regresar a tu trabajo. Vamos. Ya déjalo. Maldición!!
Pero a los jóvenes parecía no importarles que transcurriera el tiempo. Después de un rato el tipo tomó las manos de Edlyn entre las suyas, y el semblante de ésta cambió; la sonrisa volvió a iluminar su rostro. La cercanía de ambos estuvo a punto de provocar que Áliber se levantara de su asiento y se abalanzara sobre ellos.
-Tranquilo. Si armas un lío ahora nunca sabrás que es lo que hay entre estos dos.
Pagaron la cuenta y se retiraron. Áliber hizo lo mismo.

Fue la tarde más larga que tuvo el desdichado Áliber en los últimos años. Su niña, su muñequita, como cariñosamente llamaba a Edlyn, estaba en ese hotel barato en compañía de otro hombre. Probó sus dotes de convencimiento diciéndole al encargado en turno que era detective privado y que la esposa del tipo contrató sus servicios para poder demostrar la infidelidad de su marido y así obtener fácil y rápido su divorcio. Se alegró cuando sin decir nada el encargado le hizo la señal de seguirlo. “Sin escándalos”, le advirtió; y en cuestión de segundos la venda cayó de sus ojos, el desengaño fue total. Las cortinillas estaban a medio correr, pero la poca luz fue suficiente para reconocer a su amada: al lado de ella estaba ese hombre, las manos de éste recorriendo su cuerpo desnudo mientras ella se retorcía de sensual bienestar; comenzó a besarle los labios, la garganta, lamer los oscuros pezones que Áliber conocía a la perfección. Las masculinas manos acariciaban las pequeñas tetas, sobando, apretando, provocando los suaves gemidos de su compañera. Una lluvia de besos cayó sobre su estómago, para después encontrar refugio entre sus piernas. La locura los envolvió a los dos.
Áliber dio la media vuelta y se fue.

-Ahora no, por favor, no me siento bien. –fue la respuesta de Edlyn cuando Áliber intentó hacerle el amor esa noche.
-Te siento muy tensa. Estás enferma acaso?
-Cansada solamente.
-Mucho trabajo en la fábrica?
-Algo, quizá los próximos días llegue tarde a casa. Laboraré horas extras.


Continuará......

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