Todo hubiera sido tan sencillo


Capítulo I

Áliber contemplaba embobado a la mujer que dormía a su lado, una fogosa chiquilla de apenas 19 años, pero con toda la experiencia que la convertía en una tigresa al momento de estar en la cama poniendo en práctica las artes de amar. Edlyn se llamaba, un nombre muy elegante para una mujercita muy simple y vulgar, le dijo alguien cierta vez. Áliber ya había soplado 44 velitas y al ver las dimensiones del escote y la altura de las faldas de aquella mujer había enloquecido.
Raquel era una mujer muy inteligente y advirtió desde el primer momento que aquella niña, porque comparada con ellos dos eso era, significaba una amenaza para la estabilidad emocional que hasta ese momento tenía al lado de su marido.Dentro de su lista de prospectos de clientes realizaron una visita a cierta empresa de frigoríficos con el fin de promocionar los servicios de su constructora. Accidentalmente Áliber tropezó con Edlyn derramándose el refresco en las ropas de ésta. Caballeroso y gentil como era, Áliber se disculpó con la chica y le repuso la bebida. Hasta ahí todo iba bien. En una segunda visita, Raquel advirtió la ausencia de su esposo, así que decidió esperarlo en el estacionamiento. De repente su vista divisó a Áliber conversando animadamente con Edlyn. La vez anterior la vió solo una fracción de segundo, pero lo suficiente para notar la ingenuidad de su rostro, la sonrisa coqueta y el movimiento sugestivo de aquel trasero al caminar.
-Ella de ingenua tiene lo que yo de astronauta. Puedo asegurar que su kilometraje está mucho más recorrido que el mío. –Silencio- Una plática sin importancia. –pensó, no quiso maliciar. No había nada de extraño en eso.
En Frigoríficos Allende laboraba un amiguísimo de ella, René Villarreal. Días después la tomó por sorpresa una llamada de él, planeaba contactarlos con otro cliente para futuros proyectos, por esa razón los invitó a comer; pero entre otras cosas, sin querer comentó de las visitas de Áliber a la empresa. Raquel disimuló su nerviosismo, pues como no llegaron a un acuerdo económico para realizar la ampliación de la nave de la empresa, Áliber ya no tenía asuntos que tratar ahí. De pronto sintió como si le hubiesen lanzado una bandeja de agua helada. Reaccionó. Edlyn. La criatura con quien Áliber platicaba aquella tarde en el estacionamiento. No estaba dispuesta a perder lo que le llevó años construir y que era su más preciado tesoro. Por lo que a las primeras de cambio enfrentó a Edlyn, quien aseguró no tener interés alguno en otra persona que no fuese su novio actual, con quien llevaba ya tres años de relación y estaban planeando su boda. Áliber era solo un amigo más.
Una zorrita disfrazada. De eso no hay duda…..
-Un amigo que sale con una jovencita que puede ser su hija, -vociferó Raquel exasperada.- Y en cuanto a ella no concibo que salga a solas con un hombre que sabe perfectamente que tiene una familia, así como tampoco entiendo el respeto que le merece el novio con el que planea casarse y a quien dice querer mucho.
-Eres una imbécil, ignoras el significado de la palabra amistad. Pero escúchame bien porque no voy a repetir esto Raquel: tú no vas a manejar mi vida ni vas a coartar mi libertad. Volveré a verla cuantas veces quiera, y si resulta una relación de otro tipo te prometo que la primera en saberlo serás tú.
Nunca antes vió a Áliber tan alterado, lanzándole ofensas a más no poder que hasta temió por su integridad física.
-No tires a la basura todo lo que hemos vivido en estos años solo por que se te atravesó en el camino una perrita callejera. Tú eres un hombre maduro, inteligente, no cambies lo más por lo menos.
Áliber no la escuchó ya, salió cerrando la puerta tras de sí.
-No te vayas, no me dejes sola. –corrió tras él, pero el hombre ya había puesto en marcha el automóvil. Con tristeza lo vió alejarse y permaneció inmóvil en la puerta largo rato. Su lengua estaba completamente seca que se le pegaba al paladar, fue a servirse un vaso con agua. El infierno para ella apenas comenzaba.

Continuará..........
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